domingo, julio 12, 2009

Los niños aprenden lo que viven (Gabriela Mistral)

Si los niños viven con crítica
Aprenden a condenar.

Si los niños viven con hostilidad
Aprenden a vivir luchando.

Si los niños viven el ridículo
Aprenden a ser tímidos.

Si los niños viven con vergüenza
Aprenden a sentirse culpables.

Si los niños viven con tolerancia
Aprenden a ser pacientes.

Si los niños viven con estímulo
Aprenden a confiar.

Si los niños viven con alabanza
Aprenden a apreciar.

Si los niños viven con honradez
Aprenden la justicia.

Si los niños viven con seguridad
Aprenden a tener fe.

Si los niños viven con aprobación
Aprenden autoestima.

Si los niños viven con aceptación y amistad
Aprenden a hallar amor en el mundo.

domingo, julio 05, 2009

Madre Querida

Madre querida…eres tan especial,
me cuidas, juegas y ríes de manera particular.
Cuando lloro o mi corazón se inunda de tristeza,
me consuelas y entregas amor con toda tu entereza.

Cada vez que río destacas mi belleza,
cuando me equivoco recalcas mis virtudes;
me encanta que disfrutes de la simpleza;
y que nada de lo que diga tú censures.

Con el paso de los años he entendido,
porqué mi papá a tus pies cae rendido.
Es que tu madre, eres la mejor,
es por eso que en tu día, te entrego todo mi amor

PARA TODAS LAS MAMITAS....SOBRE TODO LA MÍA QUE ES GENIAL :)

Sentimiento Experimentalino

¿Qué puedo decirte mí querido Leumag?:
quizás eres mi segunda familia,
quizás eres mi segundo hogar,
que en tus aulas corre ese aroma especial
de enseñar con humildad.

Puedo decirte que me enseñas a soñar
con un mundo lleno de alegría y solidaridad
invadiendo mi corazón con un gran sentimiento,
ese sentimiento “experimentalino” que he de llamar.

¿Qué puedo decirte mí adorado Leumag?:
quizás celebres este maravilloso cumpleaños
junto a toda la familia “experimentalina”;
y que estos nueve años de existencia
sólo sean los primeros de muchos que se avecinan.


1° lugar "Enseñanza Básica" concurso de poesía con motivo del 9° Aniversario del Liceo Experimental UMAG =)

Acróstico Egocéntrico

Vida que disfruto intensamente
Imaginación sin igual
Vacíos horizontes sociales
Intensa vida intelectual
Asi soy yo
Nada de normal para algunos
Arrasante y fugaz para otros

Fuerza metal es mi compañera
Esperanza que me hace caminar
Río ante cualquier tontera
Nada me hace caer en la actualidad
Amo con intensidad lo que hago
No me dejo doblegar
Doy todo de mi ante la lucha
Amenos que no quiera ganar

Dicese de mi muchas cosas
Espero en lgunas acertar

Jolgorio es el que algunas veces
En mi silencio he de mostrar
Silencio creativo
Un mundo donde no hay que pelear
Sólo expresar y expresar

jueves, diciembre 18, 2008

¿Es lo correcto?

Esta es la historia de Ignacio e Isidora, dos hermanos mellizos de 12 años que vivían en una humilde población al norte de la ciudad de Punta Arenas, la más fría del mundo en cuanto a clima, pero a la cuál le sobra el calor humano. Estos pequeños asistían con mucho esfuerzo de los padres a una escuelita que quedaba cerca de su barrio, con el fin de poder aprender, superarse y “salir de la pobreza”, como todos los días le recalcaba la señora María, su madre y como lo deseaba don José, él cuál sólo lograba verlos cuando estaban durmiendo, ya que su trabajo de obrero de la construcción le impedía tomarse “horas libres” para compartir con su familia…pero a él no le importaba, ya que todo lo hacía con el fin de poder darles un futuro mejor a sus “queridos hijitos”.
Una mañana, mientras Ignacio terminaba la tacita de café que todos los días se tomaba antes de ir a estudiar, y la cuál era muchas veces el único alimento que tenía por horas, escucho por la radio que una frutería necesitaba gente para que se hiciera cargo de la caja, debido a que la persona anterior estaba con licencia…no estaba seguro de que iba a hacer, pero si tenía claro que ya no quería seguir sufriendo tantas necesidades y que era su deber ayudar a su hermana, pensaba que ella como “mujer” no podría trabajar, ya que las mujeres son como su mamá: “deben estar en la casa para cuidar a los hijos y al esposo”…le era inconcebible pensar en su hermana como una persona que pudiera valerse por si misma, ya que don José siempre le dijo que las mujeres estaban para “lavar la ropa, hacer la comida, tener y cuidar a los hijos”, que era deber de los hombres el preocuparse del sustento y de que todo ande bien en la casa. A raíz de lo mismo pensó en que ese trabajo podría ayudarlo a cumplir su “rol masculino”, y de paso alivianar un poco los gastos de la casa; pero decidió que no le diría nada a Isidora, ya que sabía que ésta le diría a los papás y no le daría permiso. Tomo su mochila y se fue antes que ella para pasar a hablar con el caballero que ofrecía el puesto.
Isidora esa misma mañana estaba en su dormitorio, arreglando su descocida falda antes de prepararse para ir a la escuela, se sentía tan mal de no poder vestir como sus amigas, de no tener ropa para cambiarse todos los días. De tener que coser y recoser cada uno de sus vestidos y pantalones, de tener que dar siempre una excusa cuando sus amigas la invitaban a fiestas o a pasear debido a que no tenía dinero siquiera para el colectivo…y menos zapatos con los cuáles poder caminar un trayecto largo…pensaba y pensaba que sería de su futuro, cuando escucho el mismo aviso que le interesó a Ignacio. Isidora no le llamo la atención en primera instancia, pero mientras lo escuchaba pensaba: “¿y si voy a preguntar?, no pierdo nada…además yo soy buena con las matemáticas, por lo que no me costaría hacerme cargo de las cuentas y del dinero que entre y salga…y no creo que a mis papás le enoje mientras no baje mis notas en el colegio…así podría tener zapatos mas lindos, ropa que no esté rota y ayudar un poco a mis papás con los gastos de la casa…”. Entre tanto darle vuelta decidió que iría a ver el aviso, pero después de clases…saldría antes que Ignacio y se iría rapidito para que él no la viera, debido a que pensaba que ese trabajo no era para un hombre…”los hombres son para cosas pesadas, así como trabaja mi papá en la construcción, no para atender cajas…eso es cosa de mujeres...”, no lograba imaginarse a su hermano haciendo un trabajo de ese tipo, así que prefirió no contarle nada. Isidora termino de arreglar su falda y se fue a tomar desayuno…le llamó la atención de que su hermano ya se hubiera ido…”quizás tenía que juntarse con unos amigos a hacer un trabajo para el colegio” pensó, en fin, tomó un trozo de pan, se despidió de su madre y partió rauda al colegio.
En el intertanto Ignacio ya estaba en la frutería, el hombre que lo atendió era el dueño, al parecer era una persona muy callada, sería. Miró a Ignacio y lo primero que le preguntó fue su edad, ya que el no aceptaba a personas que tuvieran menos de 14 años. Ignacio nervioso le respondió que dentro de un mes cumpliría 14 (cosa que no era cierto, ya que estaba por cumplir 13). El señor lo miraba y lo miraba…se paseaba con lentitud observándolo hasta que le dijo que lo sentía, pero que no encontraba que estuviera capacitado para atender la caja. Ignacio le comenzó a explicar todo lo que el necesitaba ese trabajo, debido a su situación económica, que tenía que ayudar a su hermana y a su madre porque su padre trabajaba todo el día…entre relato y relato el dueño se conmovió y le dijo que le podría dar un empleo, pero no en la caja, sino que como “cargador de cajones de frutas”, ya que ese era un trabajo de hombres, y que era todo lo que tenía para ofrecerle. Ignacio no dudó en ningún momento y lo aceptó, debía ir 3 veces a la semana después de clases y trabajaría 3 horas por vez, a la semana le cancelaría $10.000, se dieron la mano y se fue al colegio corriendo porque ya estaba atrasado.
En el camino Ignacio iba feliz, tenía un trabajo, el cuál aparte de ser remunerado era de fuerza, como el de su papá, por lo que si lo veía alguien trabajando no se podría burlar de él, en el sentido de que no estaba haciendo un trabajo de “niñitas”, pensaba que el caballero tenía razón, que atender una caja no es cosa de machos, que los hombres no deberían hacer eso, por lo que hasta estaba agradecido de la oportunidad que le habían dado, así que no podía pedir más. Cuando llegó al colegio Isidora le preguntó que porqué se había ido antes y más encima llegaba atrasado, a lo que Ignacio le respondió de que tuvo que ir a ayudar a un amigo que estaba medio enfermo, y que le fue a buscar unos trabajos que debía entregarle a su profesora en su nombre…a los pocos minutos llegó la profesora y comenzó la clase.
Isidora lo único que hacía era mirar el reloj para ver cuanto faltaba para el toque de timbre y poder marcharse a la frutería a ver la solicitud de trabajo, estaba muy ilusionada con el hecho de poder manejar su propio dinero, de poder darse un gusto de vez en cuando o de simplemente tener un vaso de leche en la mañana para ella y su hermano. En eso dieron las 3 de la tarde y partió corriendo antes que Ignacio, éste le preguntó que a donde iba tan apurada, Isidora le dijo que debía terminar un trabajo en la casa de Lucía, su amiga, que por lo mismo no podía perder tiempo, así que más tarde lo vería en la casa.
Nerviosa, Isidora llega donde el dueño de la frutería interesada en el aviso. Este la mira tal y como lo hizo con Ignacio y le repitió que la edad mínima para poder trabajar allí era 14 años. Nerviosa le dio que estaba por cumplirlos. El dueño le dijo que si estaba segura de que iba a ser capaz de hacerse cargo de la caja, a lo que Ignacia respondió que si, que era buena con los números…el dueño pensó y le dijo que él pensaba que era muy joven para ese trabajo, pero que podría ofrecerle otro: limpiar las frutas y el piso del local, la idea era que fuera 4 veces a la semana y trabajaría 4 horas por vez, ante lo cuál recibiría una paga de $8.000 al final de la semana. Isidora no lo pensó dos veces y dijo que comenzaba mañana mismo si quería, se dieron la mano y feliz partió a su hogar, pensando en que por fin sería útil para su familia en materia económica.
Al llegar a la casa ambos hermanos estaban muy contentos y ninguno sabía el porqué de la alegría del otro. Cuando llegó el padre del trabajo Ignacio le dijo que en el colegio quedó seleccionado para un equipo de fútbol, que debía quedarse 3 veces a la semana después de clases para poder entrenar, ante lo cuál su padre accedió siempre y cuando no bajara sus calificaciones. Por su parte Isidora le dijo que su profesora la había invitado a un taller de cocina de lunes a jueves después de clases, que si le daba permiso para asistir, ante lo cuál el padre también accedió y le dijo que encontraba bueno que se estuviera preparando par en unos años más atender bien a su futuro marido. Se despidieron del padre y ambos de fueron a acostar.
Al otro día ambos hermanos se van al colegio como todos los días, aún no entendía de cómo tanta coincidencia con las actividades “fuera de clase” pero no se cuestionaron más y se fueron juntos al colegio. A la salida Ignacio se dio cuenta de que Isidora llevaba ropa para cambiarse en la mochila igual que él, lo que le pareció más extraño aún, pero no le dijo nada…hasta que luego de unas cuadras de caminata se dio cuenta de que estaban siguiendo el mismo camino y se atrevió a consultarle: “Isi, ¿a donde vas?”, la niña le responde: “Yo no quería contarte Nachito, pero la verdad es que voy a trabajar, me conseguí algo en la frutería que queda acá arriba de la casa verde que vez en la esquina para limpiar y hacer aseo, no es mucho lo que me pagan pero en algo puede ayudar”. Ignacio anonadado le cuenta que el también consiguió un trabajo como cargador en ese mismo lugar, que tampoco le quiso contar en un principio por miedo a que se sintiera mal. Ambos se rieron mucho por las intenciones tan parecidas que tenían y se fueron juntos al trabajo, en el fondo estaban felices de que estarían juntos en esa actividad que era nueva para ambos.
Cuando llegaron el dueño los estaba esperando, le paso un delantal y un balde con estropajo a Isidora y le ordenó a que tenía que limpiar todo el piso del lugar y luego seguir con las ventanas; a Ignacio lo envió con unos hombres que estaban afuera en unos camiones a descargar la mercadería que había llegado, todo con un tono autoritario y enojón. Los niños accedieron y comenzaron a trabajar.
Isidora llevaba más de 2 horas limpiando y estaba exhausta, pensaba que aún le quedaban 2 horas más y que aparte tenía que hacer unas tareas para el colegio al otro día, pensaba en como su hermano llevaba el mismo tiempo que ella cargando unas pesadas cajas y como esos hombres se burlaban de su lentitud, pensaba: “no sabía que el trabajo de hombres era tan pesado…yo jamás podría hacer eso”, mientra seguía limpiando.
Ignacio trabajaba 1 hora menos que Isidora, por lo que se quedó afuera esperándola. La miraba por el vidrio y pensaba: “no sabía que el trabajo de mujeres era tan sacrificado…yo jamás podría hacer eso”, mientras bebía un vaso de agua que le dio a escondidas un joven como de su edad que también trabajaba allí.
Así continuaron toda la semana, hasta que llegó el sábado: el día en que recibirían su primera paga, estaban felices ya que tanto esfuerzo y cansancio tendría sus frutos. Ignacio se imaginaba comiendo un helado…ya que no los probaba desde que tenía ocho años, Isidora quería comprarse un paquete de galletas ya que adoraba las galletas, y casi había olvidado su sabor por el tiempo que había pasado sin probarlas. Llegaron juntos al lugar y el dueño conversó un rato con ellos: “Ignacio, aquí esta lo acordado $10.000, nos vemos el lunes”, “Isidora, los $8.000 acordados, nos vemos el lunes”. Ignacio estaba muy extrañado: porqué su hermana recibía menos dinero si es que ella había trabajado más, no se quiso quedar con la duda y le preguntó al dueño, a lo que respondió: “HIJO, ELLA ES MUJER, NO LAS PUEDES COMPARAR CON NOSOTROS LOS HOMBRES Y EL TRABAJO QUE HACEMOS, ELLAS ESTAN ACOSTUMBRADAS A HACER EL ASEO, ES SU DEBER”.
Al llegar a la casa no estaban tan contentos como pensaban que estaría, Isidora estaba triste y se sentía desvalorizada por todo el esfuerzo que le colocó al trabajo y lo poco que le habían recompensado. Ignacio por su parte se sentía enojado con el dueño de la frutería, no entendía porque pensaba así, que él se acordaba de todas las veces que vio a su hermana limpiar y de lo difícil y pesado que era el trabajo, por lo que no encontraba justo que recibiera menos dinero. Ambos hermanos estaban decepcionados y confundidos, por lo que decidieron contarle la situación a sus padres: ambos se enojaron primero que nada por no haberles dicho en un principio en que estaban, y después ambos se sintieron muy mal porque se dieron cuenta de que lo que les ocurrió en parte era su responsabilidad, al haber siempre separados los roles en el hogar: ESTO ES DE MUJERES, ESTO ES DE HOMBRES, se dieron cuenta de que en la vida no existen trabajos que le sean prohibidos a alguien por su género, y que tanto un hombre como una mujer son capaces de limpiar un hogar y clavar un clavo. También comenzaron a recordar que eso era consecuencia de la enseñanza que habían tenido ellos en el hogar cuando pequeños, y que sin querer pensaban que era lo correcto. Los cuatro tomaron la decisión de que Ignacio e Isidora no volverían a trabajar ni ahí ni en otro lugar, ya que su deber era estudiar, pero si doña María, la cuál siempre quiso entrar a trabajar como cajera de supermercado para ayudar en la casa, pero don José se lo prohibía; éste por su parte se dio cuenta de que NO SE DEBE DISCRIMINAR NI AL HOMBRE NI LA MUJER, por lo que ahora ayudaría en las labores domésticas para que su señora pudiera realizarse como mujer.
Al otro día los niños fueron a la frutería a darle las gracias al dueño por haberles dado la oportunidad de trabajar, pero que ellos no se sentían cómodos siendo DISCRIMINADOS POR EL HECHO DE SER HOMBRE O MUJER, y que ojala y se diera cuenta a futuro de que AMBOS GÉNEROS TIENEN LOS MISMOS DERECHOS, Y ESTÁN IGUALMENTE CAPACITADOS PARA REALIZAR CUALQUIER TIPO DE TRABAJO, qué es nuestro deber inculcarlo y recalcarlo a las generaciones futuras.
Y así, Ignacio e Isidora aprendieron una lección, que les servirá para toda la vida…



FIN

domingo, diciembre 14, 2008

Agustina, la ballenita valerosa

Erase una vez, en las frías aguas del océano Pacífico, Agustina, una alegre ballenita azul, que vivía junto a su padres y su hermana; Agustina era muy feliz, podía jugar todo el día junto a sus otras amigas ballenas, tenía para ella sola la mayor cantidad de agua imaginable, no le faltaba la comida y lo más importante: era querida y protegida por su familia.
Pero un día, mientras Agustina conversaba sobre a que hora iría a visitar a una amiga que vivía en el otro lado del océano, escucho unos ruidos que no le eran comunes…además de ver como se oscurecía el mar sobre ella, se asustó mucho y nadó rápidamente a su hogar, donde se encontró con una desagradable sorpresa: sus padres no estaban y la puerta de la cueva en donde se refugiaban estaba rota, como forcejeada. Agustina se asustó y se coloco a llorar, cuando recordó esa sombra que oscureció el mar y la asoció con la desaparición de su familia, así que armándose de valor volvió al lugar en donde estaba y se propuso a seguirla.
Lo más silenciosa posible, Agustina siguió y siguió a la sombra por varios minutos…no sabía lo que era ni mucho menos hacia donde se dirigía, pero algo le decía que estaba relacionada con la desaparición de su familia…pasaron varios minutos y Agustina ya estaba cansada y casi sin fuerzas para seguir nadando, cuando de pronto se detiene y escucha unos ruidos:
“Nos va a alcanzar para varias armas Esteban”….”Imagina la cantidad de jabones que podremos exportar”……”Yo creo que nos pagaran muy bien por ellas” “Oye, pero hay que entregarlas muertas supongo ¿cierto?”….Agustina no podía creer lo que estaba escuchando: era un barco y adentro habían seres vivos que estaban destinados a la realización de armas y jabones…pero aún no sabía quienes estaban adentro, así que decide asomarse para averiguarlo, ve unas jaulas muy grandes y mucha gente moviéndose por ambos lados del barco…cuando de pronto visualiza a su padre, el cual esta forcejeando con unos hombres que intentan clavarles unos afilados arpones…Simplemente Agustina se paraliza: los que estaban en ese barco era su familia, y no podía hacer nada al respecto, ante tanta desesperación decide con la cola golpear el barco, cuando estaba a punto de hacer eso su amigo Benjamín, un delfín, la detiene y le dice: “Noooo, no vale la pena, si lo haces ellos sabrán que quedó una ballena cerca y te capturaran…¿crees que a tu padre le gustaría eso?...sálvate, es lo mejor que puedes hacer”, a lo que Agustina responde: “¿quieres que los deje morir?...¿a mi familia?...” Benjamín le dice que entiende lo doloroso que es eso para ella, pero que esta segura que su padre le gustaría que sobreviviera…Agustina no le iba a hacer caso a su amigo, cuando ve que su madre, le hace un gesto de despedida…entendiendo que Benjamín tenía razón.
Destrozada y muy triste Agustina regresa a su hogar…Benjamín la acompaña, pero no cruzan palabra en todo el camino…hasta que Agustina le dice: “¿Para que los seres humanos nos cazan?” “¿Qué daño le hacemos nosotros a ellos”? “¿Desde cuando que ocurre eso?”. Benjamín le cuenta la historia que su padre le había contado una noche: “los hombres desde hace muchos años utilizan la grasa de las ballenas para realizar cosméticos y los dientes para construir armas y joyas….son resistentes y valen mucho dinero”. Agustina no entiende porque los humanos no piensan en que esos seres vivos merecen estar tranquilos en su hogar, se coloca a llorar, ya que se da cuenta que se quedó sola en el mundo y promete vengar la muerte de su familia.
Pasan los días, los meses, y los años. Agustina ya es una robusta ballena adulta, alegre y feliz como siempre se le conoció, sigue siendo muy amiga de Benjamín el delfín, el cual la acompaña para todos lados. Era verano, ya que el sol resplandecía en las aguas, y estos amigos deciden nadar un poco más lejos en busca de alimento. Estaban en eso cuando de lejos visualizan una sombra, que bajaba desde la superficie del mar…en ese momento a Agustina se le vino a la mente el recuerdo de la muerte de sus padres...y piensa en nadar lejos, pero a los pocos segundos se da cuenta que es un ser humano el que esta bajando, un buzo.
“Hey, Agus, mira, mira!!!!, un ser humano” le dice Benjamín asombrado… ”Mmm y que estará haciendo por acá…este no es su lugar que yo sepa” dice muy enfadada Agustina. Ambos no saben la respuesta, pero sí Agustina sabe que ella juró vengar la muerte de sus padres, por lo que decide ir a asustar a esta persona…”No!, Agus, no lo hagas, puede ser peligroso”, “no le tengo miedo a un simple buzo, ya no soy la pequeña de antes”, responde Agustina. Nada enérgicamente hacia ese lugar y decide armar un remolino con su gran cola, para que esta persona se asuste…lo realiza y efectivamente el buzo se marea y cae inconsciente al fondo del mar.
Agustina pensaba dejarlo ahí y volver a donde estaba su amigo, pero algo le decía que no era lo correcto, “debiera estar feliz, ellos son los que asesinaron a mis padres, y hermana” piensa la ballenita…” ¿porque no me siento contenta?”...Benjamín le responde: ”yo se porque no estas contenta, porque eso no fue lo que te enseñó tu familia”…Agustina se queda inmóvil y piensa en cuando era pequeña, en sus padres enseñándole a ayudar a los demás animales marinos, a como nunca había que dañar a los otros, a pesar de que estos no fueran condescendientes, a lo importante que era respetar y sobre todo perdonar.
Se sacude rápidamente y parte a buscar al buzo que estaba casi inconsciente en el fondo marino, lo toma de su hocico y lo sube a la superficie del mar, en donde había un bote con tres personas más. ¡Hey, esa ballena lo quería matar, que no se escape”, dice una de las personas que estaban al interior del bote…Agustina si que no entiende nada ahora: hace lo que sus padres le enseñaron y salva a ese ser humano, pero ahora es ella la mala, y será cazada igual que su familia. Benjamín no sabe que hacer y se queda cerca a esperar que pasará con ella…
Pasan las horas y Agustina ya esta débil, lleva varias horas amarrada al bote, sin comida y soportando las burlas de las personas que ahí estaban…mira para el frente y ve a Benjamín que nada cerca de ahí…y también ve al buzo, recuperándose de a poco, con una gran cara de culpabilidad…Agustina ya no piensa, esta resignada a que tendrá el mismo futuro que sus padres: servir a los humanos una vez muerta, para que ellos puedan ganar dinero y ser felices.
De pronto el buzo (que ya estaba recuperado por completo) se levanta y le dice a sus compañeros: “suelten a esa ballena inmediatamente”…los demás se burlan de él: “te afecto el agua parece, acaso no sabes cuanto dinero ganaremos con ella”…encolerizado responde: “no me interesa el dinero, esta ballena salvó mi vida, si no me hubiera arrastrado a la superficie estaría muerto. Hace años en mi época de juventud, participe en la cacería de una familia de ballenas, y hoy, cuando casi muero por intentar buscar otras para ganar dinero me di cuenta del error cometido, son seres que merecen nuestro respeto y cuidado, que tienen sentimientos y que son capaces de querer y cuidar a los suyos de una manera sobre la cual nosotros como seres humanos inteligentes que decimos ser, debiéramos aprender, así que les exijo que la suelten”.
Agustina simplemente no lo podía creer: salvó a la persona que participó de la matanza de su familia…y la que ahora le salvó a ella de una muerte casi segura. Fue soltada y esta persona le da una palmada en la cabeza, muy tímidamente y le dice: “se que el daño que te cause fue enorme…no creo que puedas disculparme, pero te estaré eternamente agradecido de lo que hiciste por mi, se que tu familia en donde esté también lo estará de ti, y mi única forma de corresponder tu acción es comprometerme a que contaré mi testimonio de lo hoy vivido por todo el mundo, para que la gente sepa lo importante que es proteger a las ballenas que habitan nuestros mares”.
Agustina, nada rápidamente a donde está Benjamín, el cuál no puede creer lo que ésta le comienza a relatar. Ambos se sorprenden y se dan cuenta de cómo los seres humanos pueden cometer errores irreparables, pero también de cómo son capaces de aprender de ellos.


Este cuento fue presentado a un concurso con el fin de proteger a las ballenas en mi Liceo...independiente del resultado disfrute mucho explorar con mi imaginación el mundo marino.

sábado, septiembre 01, 2007

Bob Esponja Pescando Medusas


Esta es la historia de una caricatura por una niña tan imaginativa... atentos a leer!!!:

Bob Esponja y Patricio fueron a pescar medusas; los dos estaban en el campo de medusas,


Bob Esponja dijo: ¡ Hey Patricio vamos a pescar medusas!

Patricio dijo: Si Bob Esponja pero no tengo red para pescar.

Bob Esponja dijo: No importa Patricio yo te presto una red.

Patricio dijo: ¡Que bien Bob Esponja! gracias.

Bob Esponja dijo: De nada Patricio ¡Ahora vamos entonces a pescar!

Patricio dijo: Si Bob vamos a pescar.

Pescaron y después fueron a casa y se encontraron con Calamardo y Arenita, sus amigos.

Bob Esponja y Patricio los saludaron y después fueron a casa, Bob dijo: Patricio hoy fue un dia pesado.

Patricio dijo: Si Bob Esponja, mañana tendremos otro dia de diversión.

Patricio dijo: Si.

Bob Esponja dijo: Si cierto Patricio, bueno ya chao tengo que ir a casa a darle comida a Gary.

Ambos se despiden y colorin colorado...este dialogo se ha acabado jejejeje.

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viernes, noviembre 03, 2006

El perro

Había una vez, en una casa, vivía un hombre que se llamaba Ignacio. El vivía solo y siempre se enfermaba.

Un día fue a pasear y se encontro con un animalito indefenso y se lo llevo a casa...era un perrito chiquitito y abandonado. Le dio leche y le hizo su propia cama en donde durmió acurrucadito con un almohada de algodon en el calefactor.

El perro y el hombre se hicieron amigos, pasaron días y een un poste había un cartel que decía "perro perdido"....el hombre ahí decubrió que el perro no era abandondado y que tenía familia. Le dio nostalgia, pero llamó a la señora y le dijo que su perro estaba con él, entonces lo devolvió; muy triste Ignacio entregó a Claudio (aunque el en verdad el perro se llamaba Pepe). Cuando se estaba yendo la señora le dijo: "Oye, ven para acá que quiero darte un regalo, yo tengo muchos perros y te voy a dar uno", el perrito nuevo se llamaba Alejandro y el hombre le dijo "gracias".

Llegó a su casa con Alejandro (el perro) lo acurrucó al lado del calefactor, le dio leche. Pasaron los años y el perro tenía 4 años y se había quedado para siempre con Ignacio.

Y ahora ya saben porqué el hombre es el mejor amigo del perro.

FIN

Este es mi primer cuento publicado en el blog que me hizo la Gaby...besos a todos