¿Es lo correcto?
Esta es la historia de Ignacio e Isidora, dos hermanos mellizos de 12 años que vivían en una humilde población al norte de la ciudad de Punta Arenas, la más fría del mundo en cuanto a clima, pero a la cuál le sobra el calor humano. Estos pequeños asistían con mucho esfuerzo de los padres a una escuelita que quedaba cerca de su barrio, con el fin de poder aprender, superarse y “salir de la pobreza”, como todos los días le recalcaba la señora María, su madre y como lo deseaba don José, él cuál sólo lograba verlos cuando estaban durmiendo, ya que su trabajo de obrero de la construcción le impedía tomarse “horas libres” para compartir con su familia…pero a él no le importaba, ya que todo lo hacía con el fin de poder darles un futuro mejor a sus “queridos hijitos”.
Una mañana, mientras Ignacio terminaba la tacita de café que todos los días se tomaba antes de ir a estudiar, y la cuál era muchas veces el único alimento que tenía por horas, escucho por la radio que una frutería necesitaba gente para que se hiciera cargo de la caja, debido a que la persona anterior estaba con licencia…no estaba seguro de que iba a hacer, pero si tenía claro que ya no quería seguir sufriendo tantas necesidades y que era su deber ayudar a su hermana, pensaba que ella como “mujer” no podría trabajar, ya que las mujeres son como su mamá: “deben estar en la casa para cuidar a los hijos y al esposo”…le era inconcebible pensar en su hermana como una persona que pudiera valerse por si misma, ya que don José siempre le dijo que las mujeres estaban para “lavar la ropa, hacer la comida, tener y cuidar a los hijos”, que era deber de los hombres el preocuparse del sustento y de que todo ande bien en la casa. A raíz de lo mismo pensó en que ese trabajo podría ayudarlo a cumplir su “rol masculino”, y de paso alivianar un poco los gastos de la casa; pero decidió que no le diría nada a Isidora, ya que sabía que ésta le diría a los papás y no le daría permiso. Tomo su mochila y se fue antes que ella para pasar a hablar con el caballero que ofrecía el puesto.
Isidora esa misma mañana estaba en su dormitorio, arreglando su descocida falda antes de prepararse para ir a la escuela, se sentía tan mal de no poder vestir como sus amigas, de no tener ropa para cambiarse todos los días. De tener que coser y recoser cada uno de sus vestidos y pantalones, de tener que dar siempre una excusa cuando sus amigas la invitaban a fiestas o a pasear debido a que no tenía dinero siquiera para el colectivo…y menos zapatos con los cuáles poder caminar un trayecto largo…pensaba y pensaba que sería de su futuro, cuando escucho el mismo aviso que le interesó a Ignacio. Isidora no le llamo la atención en primera instancia, pero mientras lo escuchaba pensaba: “¿y si voy a preguntar?, no pierdo nada…además yo soy buena con las matemáticas, por lo que no me costaría hacerme cargo de las cuentas y del dinero que entre y salga…y no creo que a mis papás le enoje mientras no baje mis notas en el colegio…así podría tener zapatos mas lindos, ropa que no esté rota y ayudar un poco a mis papás con los gastos de la casa…”. Entre tanto darle vuelta decidió que iría a ver el aviso, pero después de clases…saldría antes que Ignacio y se iría rapidito para que él no la viera, debido a que pensaba que ese trabajo no era para un hombre…”los hombres son para cosas pesadas, así como trabaja mi papá en la construcción, no para atender cajas…eso es cosa de mujeres...”, no lograba imaginarse a su hermano haciendo un trabajo de ese tipo, así que prefirió no contarle nada. Isidora termino de arreglar su falda y se fue a tomar desayuno…le llamó la atención de que su hermano ya se hubiera ido…”quizás tenía que juntarse con unos amigos a hacer un trabajo para el colegio” pensó, en fin, tomó un trozo de pan, se despidió de su madre y partió rauda al colegio.
En el intertanto Ignacio ya estaba en la frutería, el hombre que lo atendió era el dueño, al parecer era una persona muy callada, sería. Miró a Ignacio y lo primero que le preguntó fue su edad, ya que el no aceptaba a personas que tuvieran menos de 14 años. Ignacio nervioso le respondió que dentro de un mes cumpliría 14 (cosa que no era cierto, ya que estaba por cumplir 13). El señor lo miraba y lo miraba…se paseaba con lentitud observándolo hasta que le dijo que lo sentía, pero que no encontraba que estuviera capacitado para atender la caja. Ignacio le comenzó a explicar todo lo que el necesitaba ese trabajo, debido a su situación económica, que tenía que ayudar a su hermana y a su madre porque su padre trabajaba todo el día…entre relato y relato el dueño se conmovió y le dijo que le podría dar un empleo, pero no en la caja, sino que como “cargador de cajones de frutas”, ya que ese era un trabajo de hombres, y que era todo lo que tenía para ofrecerle. Ignacio no dudó en ningún momento y lo aceptó, debía ir 3 veces a la semana después de clases y trabajaría 3 horas por vez, a la semana le cancelaría $10.000, se dieron la mano y se fue al colegio corriendo porque ya estaba atrasado.
En el camino Ignacio iba feliz, tenía un trabajo, el cuál aparte de ser remunerado era de fuerza, como el de su papá, por lo que si lo veía alguien trabajando no se podría burlar de él, en el sentido de que no estaba haciendo un trabajo de “niñitas”, pensaba que el caballero tenía razón, que atender una caja no es cosa de machos, que los hombres no deberían hacer eso, por lo que hasta estaba agradecido de la oportunidad que le habían dado, así que no podía pedir más. Cuando llegó al colegio Isidora le preguntó que porqué se había ido antes y más encima llegaba atrasado, a lo que Ignacio le respondió de que tuvo que ir a ayudar a un amigo que estaba medio enfermo, y que le fue a buscar unos trabajos que debía entregarle a su profesora en su nombre…a los pocos minutos llegó la profesora y comenzó la clase.
Isidora lo único que hacía era mirar el reloj para ver cuanto faltaba para el toque de timbre y poder marcharse a la frutería a ver la solicitud de trabajo, estaba muy ilusionada con el hecho de poder manejar su propio dinero, de poder darse un gusto de vez en cuando o de simplemente tener un vaso de leche en la mañana para ella y su hermano. En eso dieron las 3 de la tarde y partió corriendo antes que Ignacio, éste le preguntó que a donde iba tan apurada, Isidora le dijo que debía terminar un trabajo en la casa de Lucía, su amiga, que por lo mismo no podía perder tiempo, así que más tarde lo vería en la casa.
Nerviosa, Isidora llega donde el dueño de la frutería interesada en el aviso. Este la mira tal y como lo hizo con Ignacio y le repitió que la edad mínima para poder trabajar allí era 14 años. Nerviosa le dio que estaba por cumplirlos. El dueño le dijo que si estaba segura de que iba a ser capaz de hacerse cargo de la caja, a lo que Ignacia respondió que si, que era buena con los números…el dueño pensó y le dijo que él pensaba que era muy joven para ese trabajo, pero que podría ofrecerle otro: limpiar las frutas y el piso del local, la idea era que fuera 4 veces a la semana y trabajaría 4 horas por vez, ante lo cuál recibiría una paga de $8.000 al final de la semana. Isidora no lo pensó dos veces y dijo que comenzaba mañana mismo si quería, se dieron la mano y feliz partió a su hogar, pensando en que por fin sería útil para su familia en materia económica.
Al llegar a la casa ambos hermanos estaban muy contentos y ninguno sabía el porqué de la alegría del otro. Cuando llegó el padre del trabajo Ignacio le dijo que en el colegio quedó seleccionado para un equipo de fútbol, que debía quedarse 3 veces a la semana después de clases para poder entrenar, ante lo cuál su padre accedió siempre y cuando no bajara sus calificaciones. Por su parte Isidora le dijo que su profesora la había invitado a un taller de cocina de lunes a jueves después de clases, que si le daba permiso para asistir, ante lo cuál el padre también accedió y le dijo que encontraba bueno que se estuviera preparando par en unos años más atender bien a su futuro marido. Se despidieron del padre y ambos de fueron a acostar.
Al otro día ambos hermanos se van al colegio como todos los días, aún no entendía de cómo tanta coincidencia con las actividades “fuera de clase” pero no se cuestionaron más y se fueron juntos al colegio. A la salida Ignacio se dio cuenta de que Isidora llevaba ropa para cambiarse en la mochila igual que él, lo que le pareció más extraño aún, pero no le dijo nada…hasta que luego de unas cuadras de caminata se dio cuenta de que estaban siguiendo el mismo camino y se atrevió a consultarle: “Isi, ¿a donde vas?”, la niña le responde: “Yo no quería contarte Nachito, pero la verdad es que voy a trabajar, me conseguí algo en la frutería que queda acá arriba de la casa verde que vez en la esquina para limpiar y hacer aseo, no es mucho lo que me pagan pero en algo puede ayudar”. Ignacio anonadado le cuenta que el también consiguió un trabajo como cargador en ese mismo lugar, que tampoco le quiso contar en un principio por miedo a que se sintiera mal. Ambos se rieron mucho por las intenciones tan parecidas que tenían y se fueron juntos al trabajo, en el fondo estaban felices de que estarían juntos en esa actividad que era nueva para ambos.
Cuando llegaron el dueño los estaba esperando, le paso un delantal y un balde con estropajo a Isidora y le ordenó a que tenía que limpiar todo el piso del lugar y luego seguir con las ventanas; a Ignacio lo envió con unos hombres que estaban afuera en unos camiones a descargar la mercadería que había llegado, todo con un tono autoritario y enojón. Los niños accedieron y comenzaron a trabajar.
Isidora llevaba más de 2 horas limpiando y estaba exhausta, pensaba que aún le quedaban 2 horas más y que aparte tenía que hacer unas tareas para el colegio al otro día, pensaba en como su hermano llevaba el mismo tiempo que ella cargando unas pesadas cajas y como esos hombres se burlaban de su lentitud, pensaba: “no sabía que el trabajo de hombres era tan pesado…yo jamás podría hacer eso”, mientra seguía limpiando.
Ignacio trabajaba 1 hora menos que Isidora, por lo que se quedó afuera esperándola. La miraba por el vidrio y pensaba: “no sabía que el trabajo de mujeres era tan sacrificado…yo jamás podría hacer eso”, mientras bebía un vaso de agua que le dio a escondidas un joven como de su edad que también trabajaba allí.
Así continuaron toda la semana, hasta que llegó el sábado: el día en que recibirían su primera paga, estaban felices ya que tanto esfuerzo y cansancio tendría sus frutos. Ignacio se imaginaba comiendo un helado…ya que no los probaba desde que tenía ocho años, Isidora quería comprarse un paquete de galletas ya que adoraba las galletas, y casi había olvidado su sabor por el tiempo que había pasado sin probarlas. Llegaron juntos al lugar y el dueño conversó un rato con ellos: “Ignacio, aquí esta lo acordado $10.000, nos vemos el lunes”, “Isidora, los $8.000 acordados, nos vemos el lunes”. Ignacio estaba muy extrañado: porqué su hermana recibía menos dinero si es que ella había trabajado más, no se quiso quedar con la duda y le preguntó al dueño, a lo que respondió: “HIJO, ELLA ES MUJER, NO LAS PUEDES COMPARAR CON NOSOTROS LOS HOMBRES Y EL TRABAJO QUE HACEMOS, ELLAS ESTAN ACOSTUMBRADAS A HACER EL ASEO, ES SU DEBER”.
Al llegar a la casa no estaban tan contentos como pensaban que estaría, Isidora estaba triste y se sentía desvalorizada por todo el esfuerzo que le colocó al trabajo y lo poco que le habían recompensado. Ignacio por su parte se sentía enojado con el dueño de la frutería, no entendía porque pensaba así, que él se acordaba de todas las veces que vio a su hermana limpiar y de lo difícil y pesado que era el trabajo, por lo que no encontraba justo que recibiera menos dinero. Ambos hermanos estaban decepcionados y confundidos, por lo que decidieron contarle la situación a sus padres: ambos se enojaron primero que nada por no haberles dicho en un principio en que estaban, y después ambos se sintieron muy mal porque se dieron cuenta de que lo que les ocurrió en parte era su responsabilidad, al haber siempre separados los roles en el hogar: ESTO ES DE MUJERES, ESTO ES DE HOMBRES, se dieron cuenta de que en la vida no existen trabajos que le sean prohibidos a alguien por su género, y que tanto un hombre como una mujer son capaces de limpiar un hogar y clavar un clavo. También comenzaron a recordar que eso era consecuencia de la enseñanza que habían tenido ellos en el hogar cuando pequeños, y que sin querer pensaban que era lo correcto. Los cuatro tomaron la decisión de que Ignacio e Isidora no volverían a trabajar ni ahí ni en otro lugar, ya que su deber era estudiar, pero si doña María, la cuál siempre quiso entrar a trabajar como cajera de supermercado para ayudar en la casa, pero don José se lo prohibía; éste por su parte se dio cuenta de que NO SE DEBE DISCRIMINAR NI AL HOMBRE NI LA MUJER, por lo que ahora ayudaría en las labores domésticas para que su señora pudiera realizarse como mujer.
Al otro día los niños fueron a la frutería a darle las gracias al dueño por haberles dado la oportunidad de trabajar, pero que ellos no se sentían cómodos siendo DISCRIMINADOS POR EL HECHO DE SER HOMBRE O MUJER, y que ojala y se diera cuenta a futuro de que AMBOS GÉNEROS TIENEN LOS MISMOS DERECHOS, Y ESTÁN IGUALMENTE CAPACITADOS PARA REALIZAR CUALQUIER TIPO DE TRABAJO, qué es nuestro deber inculcarlo y recalcarlo a las generaciones futuras.
Y así, Ignacio e Isidora aprendieron una lección, que les servirá para toda la vida…
FIN
Una mañana, mientras Ignacio terminaba la tacita de café que todos los días se tomaba antes de ir a estudiar, y la cuál era muchas veces el único alimento que tenía por horas, escucho por la radio que una frutería necesitaba gente para que se hiciera cargo de la caja, debido a que la persona anterior estaba con licencia…no estaba seguro de que iba a hacer, pero si tenía claro que ya no quería seguir sufriendo tantas necesidades y que era su deber ayudar a su hermana, pensaba que ella como “mujer” no podría trabajar, ya que las mujeres son como su mamá: “deben estar en la casa para cuidar a los hijos y al esposo”…le era inconcebible pensar en su hermana como una persona que pudiera valerse por si misma, ya que don José siempre le dijo que las mujeres estaban para “lavar la ropa, hacer la comida, tener y cuidar a los hijos”, que era deber de los hombres el preocuparse del sustento y de que todo ande bien en la casa. A raíz de lo mismo pensó en que ese trabajo podría ayudarlo a cumplir su “rol masculino”, y de paso alivianar un poco los gastos de la casa; pero decidió que no le diría nada a Isidora, ya que sabía que ésta le diría a los papás y no le daría permiso. Tomo su mochila y se fue antes que ella para pasar a hablar con el caballero que ofrecía el puesto.
Isidora esa misma mañana estaba en su dormitorio, arreglando su descocida falda antes de prepararse para ir a la escuela, se sentía tan mal de no poder vestir como sus amigas, de no tener ropa para cambiarse todos los días. De tener que coser y recoser cada uno de sus vestidos y pantalones, de tener que dar siempre una excusa cuando sus amigas la invitaban a fiestas o a pasear debido a que no tenía dinero siquiera para el colectivo…y menos zapatos con los cuáles poder caminar un trayecto largo…pensaba y pensaba que sería de su futuro, cuando escucho el mismo aviso que le interesó a Ignacio. Isidora no le llamo la atención en primera instancia, pero mientras lo escuchaba pensaba: “¿y si voy a preguntar?, no pierdo nada…además yo soy buena con las matemáticas, por lo que no me costaría hacerme cargo de las cuentas y del dinero que entre y salga…y no creo que a mis papás le enoje mientras no baje mis notas en el colegio…así podría tener zapatos mas lindos, ropa que no esté rota y ayudar un poco a mis papás con los gastos de la casa…”. Entre tanto darle vuelta decidió que iría a ver el aviso, pero después de clases…saldría antes que Ignacio y se iría rapidito para que él no la viera, debido a que pensaba que ese trabajo no era para un hombre…”los hombres son para cosas pesadas, así como trabaja mi papá en la construcción, no para atender cajas…eso es cosa de mujeres...”, no lograba imaginarse a su hermano haciendo un trabajo de ese tipo, así que prefirió no contarle nada. Isidora termino de arreglar su falda y se fue a tomar desayuno…le llamó la atención de que su hermano ya se hubiera ido…”quizás tenía que juntarse con unos amigos a hacer un trabajo para el colegio” pensó, en fin, tomó un trozo de pan, se despidió de su madre y partió rauda al colegio.
En el intertanto Ignacio ya estaba en la frutería, el hombre que lo atendió era el dueño, al parecer era una persona muy callada, sería. Miró a Ignacio y lo primero que le preguntó fue su edad, ya que el no aceptaba a personas que tuvieran menos de 14 años. Ignacio nervioso le respondió que dentro de un mes cumpliría 14 (cosa que no era cierto, ya que estaba por cumplir 13). El señor lo miraba y lo miraba…se paseaba con lentitud observándolo hasta que le dijo que lo sentía, pero que no encontraba que estuviera capacitado para atender la caja. Ignacio le comenzó a explicar todo lo que el necesitaba ese trabajo, debido a su situación económica, que tenía que ayudar a su hermana y a su madre porque su padre trabajaba todo el día…entre relato y relato el dueño se conmovió y le dijo que le podría dar un empleo, pero no en la caja, sino que como “cargador de cajones de frutas”, ya que ese era un trabajo de hombres, y que era todo lo que tenía para ofrecerle. Ignacio no dudó en ningún momento y lo aceptó, debía ir 3 veces a la semana después de clases y trabajaría 3 horas por vez, a la semana le cancelaría $10.000, se dieron la mano y se fue al colegio corriendo porque ya estaba atrasado.
En el camino Ignacio iba feliz, tenía un trabajo, el cuál aparte de ser remunerado era de fuerza, como el de su papá, por lo que si lo veía alguien trabajando no se podría burlar de él, en el sentido de que no estaba haciendo un trabajo de “niñitas”, pensaba que el caballero tenía razón, que atender una caja no es cosa de machos, que los hombres no deberían hacer eso, por lo que hasta estaba agradecido de la oportunidad que le habían dado, así que no podía pedir más. Cuando llegó al colegio Isidora le preguntó que porqué se había ido antes y más encima llegaba atrasado, a lo que Ignacio le respondió de que tuvo que ir a ayudar a un amigo que estaba medio enfermo, y que le fue a buscar unos trabajos que debía entregarle a su profesora en su nombre…a los pocos minutos llegó la profesora y comenzó la clase.
Isidora lo único que hacía era mirar el reloj para ver cuanto faltaba para el toque de timbre y poder marcharse a la frutería a ver la solicitud de trabajo, estaba muy ilusionada con el hecho de poder manejar su propio dinero, de poder darse un gusto de vez en cuando o de simplemente tener un vaso de leche en la mañana para ella y su hermano. En eso dieron las 3 de la tarde y partió corriendo antes que Ignacio, éste le preguntó que a donde iba tan apurada, Isidora le dijo que debía terminar un trabajo en la casa de Lucía, su amiga, que por lo mismo no podía perder tiempo, así que más tarde lo vería en la casa.
Nerviosa, Isidora llega donde el dueño de la frutería interesada en el aviso. Este la mira tal y como lo hizo con Ignacio y le repitió que la edad mínima para poder trabajar allí era 14 años. Nerviosa le dio que estaba por cumplirlos. El dueño le dijo que si estaba segura de que iba a ser capaz de hacerse cargo de la caja, a lo que Ignacia respondió que si, que era buena con los números…el dueño pensó y le dijo que él pensaba que era muy joven para ese trabajo, pero que podría ofrecerle otro: limpiar las frutas y el piso del local, la idea era que fuera 4 veces a la semana y trabajaría 4 horas por vez, ante lo cuál recibiría una paga de $8.000 al final de la semana. Isidora no lo pensó dos veces y dijo que comenzaba mañana mismo si quería, se dieron la mano y feliz partió a su hogar, pensando en que por fin sería útil para su familia en materia económica.
Al llegar a la casa ambos hermanos estaban muy contentos y ninguno sabía el porqué de la alegría del otro. Cuando llegó el padre del trabajo Ignacio le dijo que en el colegio quedó seleccionado para un equipo de fútbol, que debía quedarse 3 veces a la semana después de clases para poder entrenar, ante lo cuál su padre accedió siempre y cuando no bajara sus calificaciones. Por su parte Isidora le dijo que su profesora la había invitado a un taller de cocina de lunes a jueves después de clases, que si le daba permiso para asistir, ante lo cuál el padre también accedió y le dijo que encontraba bueno que se estuviera preparando par en unos años más atender bien a su futuro marido. Se despidieron del padre y ambos de fueron a acostar.
Al otro día ambos hermanos se van al colegio como todos los días, aún no entendía de cómo tanta coincidencia con las actividades “fuera de clase” pero no se cuestionaron más y se fueron juntos al colegio. A la salida Ignacio se dio cuenta de que Isidora llevaba ropa para cambiarse en la mochila igual que él, lo que le pareció más extraño aún, pero no le dijo nada…hasta que luego de unas cuadras de caminata se dio cuenta de que estaban siguiendo el mismo camino y se atrevió a consultarle: “Isi, ¿a donde vas?”, la niña le responde: “Yo no quería contarte Nachito, pero la verdad es que voy a trabajar, me conseguí algo en la frutería que queda acá arriba de la casa verde que vez en la esquina para limpiar y hacer aseo, no es mucho lo que me pagan pero en algo puede ayudar”. Ignacio anonadado le cuenta que el también consiguió un trabajo como cargador en ese mismo lugar, que tampoco le quiso contar en un principio por miedo a que se sintiera mal. Ambos se rieron mucho por las intenciones tan parecidas que tenían y se fueron juntos al trabajo, en el fondo estaban felices de que estarían juntos en esa actividad que era nueva para ambos.
Cuando llegaron el dueño los estaba esperando, le paso un delantal y un balde con estropajo a Isidora y le ordenó a que tenía que limpiar todo el piso del lugar y luego seguir con las ventanas; a Ignacio lo envió con unos hombres que estaban afuera en unos camiones a descargar la mercadería que había llegado, todo con un tono autoritario y enojón. Los niños accedieron y comenzaron a trabajar.
Isidora llevaba más de 2 horas limpiando y estaba exhausta, pensaba que aún le quedaban 2 horas más y que aparte tenía que hacer unas tareas para el colegio al otro día, pensaba en como su hermano llevaba el mismo tiempo que ella cargando unas pesadas cajas y como esos hombres se burlaban de su lentitud, pensaba: “no sabía que el trabajo de hombres era tan pesado…yo jamás podría hacer eso”, mientra seguía limpiando.
Ignacio trabajaba 1 hora menos que Isidora, por lo que se quedó afuera esperándola. La miraba por el vidrio y pensaba: “no sabía que el trabajo de mujeres era tan sacrificado…yo jamás podría hacer eso”, mientras bebía un vaso de agua que le dio a escondidas un joven como de su edad que también trabajaba allí.
Así continuaron toda la semana, hasta que llegó el sábado: el día en que recibirían su primera paga, estaban felices ya que tanto esfuerzo y cansancio tendría sus frutos. Ignacio se imaginaba comiendo un helado…ya que no los probaba desde que tenía ocho años, Isidora quería comprarse un paquete de galletas ya que adoraba las galletas, y casi había olvidado su sabor por el tiempo que había pasado sin probarlas. Llegaron juntos al lugar y el dueño conversó un rato con ellos: “Ignacio, aquí esta lo acordado $10.000, nos vemos el lunes”, “Isidora, los $8.000 acordados, nos vemos el lunes”. Ignacio estaba muy extrañado: porqué su hermana recibía menos dinero si es que ella había trabajado más, no se quiso quedar con la duda y le preguntó al dueño, a lo que respondió: “HIJO, ELLA ES MUJER, NO LAS PUEDES COMPARAR CON NOSOTROS LOS HOMBRES Y EL TRABAJO QUE HACEMOS, ELLAS ESTAN ACOSTUMBRADAS A HACER EL ASEO, ES SU DEBER”.
Al llegar a la casa no estaban tan contentos como pensaban que estaría, Isidora estaba triste y se sentía desvalorizada por todo el esfuerzo que le colocó al trabajo y lo poco que le habían recompensado. Ignacio por su parte se sentía enojado con el dueño de la frutería, no entendía porque pensaba así, que él se acordaba de todas las veces que vio a su hermana limpiar y de lo difícil y pesado que era el trabajo, por lo que no encontraba justo que recibiera menos dinero. Ambos hermanos estaban decepcionados y confundidos, por lo que decidieron contarle la situación a sus padres: ambos se enojaron primero que nada por no haberles dicho en un principio en que estaban, y después ambos se sintieron muy mal porque se dieron cuenta de que lo que les ocurrió en parte era su responsabilidad, al haber siempre separados los roles en el hogar: ESTO ES DE MUJERES, ESTO ES DE HOMBRES, se dieron cuenta de que en la vida no existen trabajos que le sean prohibidos a alguien por su género, y que tanto un hombre como una mujer son capaces de limpiar un hogar y clavar un clavo. También comenzaron a recordar que eso era consecuencia de la enseñanza que habían tenido ellos en el hogar cuando pequeños, y que sin querer pensaban que era lo correcto. Los cuatro tomaron la decisión de que Ignacio e Isidora no volverían a trabajar ni ahí ni en otro lugar, ya que su deber era estudiar, pero si doña María, la cuál siempre quiso entrar a trabajar como cajera de supermercado para ayudar en la casa, pero don José se lo prohibía; éste por su parte se dio cuenta de que NO SE DEBE DISCRIMINAR NI AL HOMBRE NI LA MUJER, por lo que ahora ayudaría en las labores domésticas para que su señora pudiera realizarse como mujer.
Al otro día los niños fueron a la frutería a darle las gracias al dueño por haberles dado la oportunidad de trabajar, pero que ellos no se sentían cómodos siendo DISCRIMINADOS POR EL HECHO DE SER HOMBRE O MUJER, y que ojala y se diera cuenta a futuro de que AMBOS GÉNEROS TIENEN LOS MISMOS DERECHOS, Y ESTÁN IGUALMENTE CAPACITADOS PARA REALIZAR CUALQUIER TIPO DE TRABAJO, qué es nuestro deber inculcarlo y recalcarlo a las generaciones futuras.
Y así, Ignacio e Isidora aprendieron una lección, que les servirá para toda la vida…
FIN
